SOÑANDO EL TERRITORIO

 

No todos los seres humanos, han reducido al planeta a bien de uso y a materia prima para ser consumida, porque existen individuos, como los que aquí se presentan, para los cuales sus añoranzas, deseos y sueños se constituyen en otras maneras, en las otras infinitas formas que nos orientan y nos invitan a instalarnos, de manera respetuosa, en un espacio geográfico y geológico.

 

Buscando dar respuesta a sus sueños para el medio ambiente y de paso para el planeta, estos personajes con sus convicciones intactas que se traducen en vida cotidiana, dejan una huella ecológica y un impacto importante sobre nuestra cultura y sobre la relación que se establece entre algunas comunidades y su mundo natural, el cual no es visto como algo inanimado, sino como un ser vivo con una fuerza dinámica, que si desaparece, también desaparecerá nuestra cultura.

 

Seres que transmiten saberes ancestrales, los cuales, como afirma el etnógrafo Wade Davis, conforman un entramado, una red de vida social, la cual es definida como la suma total de los pensamientos e intuiciones, mitos y creencias, ideas e inspiraciones a los cuales ha dado vida la imaginación humana, representando el más valioso legado de la humanidad: la etnósfera.

 

Surge una pregunta ¿por qué debemos escucharlos? porque con sus acciones nos recuerdan que existen alternativas, otras formas de orientarnos, de cambiar las maneras en las que estamos habitando este planeta, ver que los sueños y los deseos pueden ser colectivos y que en la tarea por conservar el medio ambiente, ya existen muchos que nos están enseñando el camino y con sus ejemplos, nos recuerdan que aún es posible construir un futuro mejor.

 

Josué Carantón Sánchez

Maestro en Bellas Artes,

especialista en Gestión Cultural

‘Soñando el territorio’, es un proyecto liderado por la Dirección de Cultura Ambiental y Servicio al Ciudadano de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR). Producto documental realizado por Oscar Perfer, en el que a través de la fotografía se realiza un proceso de intervención socioambiental que busca fortalecer la cultura ambiental de los Actores Sociales que habitan en las regiones de las cuencas hidrográficas del territorio CAR en el departamento de Cundinamarca, Colombia.

 

Este material fotográfico recopila la selección de los lugares que los Actores Sociales que hacen parte del proyecto sugirieron y sirve como diagnóstico visual de los diversos ecosistemas encontrados, en ellos manifiestan su añoranzas, deseos y sueños de que perduren para las futuras generaciones.

Para Otto Parra Klusmann su vida y sus sueños transcurren entre las montañas, bosques, ríos y humedales, por nombrar algunos de los sitios preferidos de este ecologista, explorador inquieto por la fauna y un apasionado por las aves.

 

Hace años se ha dedicado a fotografiar, registrar y clasificar las aves de nuestro territorio, nos enseña desde su grupo ecológico Ucumari, la importancia del cuidado y preservación de la fauna y la flora.

 

Visitamos junto a su hijo Juan Felipe, el Cerro La Valvanera, ubicado en la reserva la Cueva del Mohán en la vereda Tíquiza de Chía, Cundinamarca. Con sus 2.900 msnm se alza majestuoso sobre el verde valle de la sabana de Bogotá, lugar donde habitan muchas especies de aves como el Cucarachero, Copetón, Pinchaflor, el Halcón Maromero, el Halcón Aliancho, la Pava Guacharaca y varios colibríes, todo esto en un ecosistema rico en biodiversidad.

Cerro La Valvanera, Chia, Cundinamarca

Andrés Felacio es el experto que cuida el agua en la quebrada Tincé del municipio de Tabio.

 

Desde hace varios años dedica su tiempo al cuidado y conservación de este recurso hídrico, que nutre las aguas que abastecen al municipio.

 

Las amenazas al nacimiento de agua y área de bosque nativo, son generadas por visitantes inconscientes que arrojan basuras y alteran el cauce natural de la quebrada. 

 

El sueño de Andrés es concientizar a la comunidad del tesoro hídrico con que cuenta el sector y el beneficio que brinda no solamente a la vereda sino a toda la comunidad.

 

Quebrada Tincé, Tabio, Cundinamarca

Isauro Cortés Casas es el protector y vigía del páramo El Rabanal. Su sueño como habitante de la vereda Firita del municipio de Ráquira, Boyacá, está centrado en que este lugar lo protejan cada día más. Allí nació y creció, al igual que los ríos Candelaria, Fúquene, Teatinos y la cuenca del río Quebrada Honda que desemboca en la laguna de Fúquene.

 

’Este lugar es majestuoso. Por donde uno pase, encontrará el preciado líquido, alimentado por turberas y humedales’. El ecosistema de este páramo es muy vulnerable por el aumento de la frontera agrícola y la explotación de carbón mineral, amenazando las especies de flora y fauna.

 

En El Rabanal está ubicada la represa de Teatinos que abastece el acueducto de la ciudad de Tunja, capital de los boyacenses, beneficiando a más de 90 acueductos de otras regiones.

Este extenso páramo está ubicado en los municipios de: Samacá, Ráquira, Villapinzón, Lenguazaque, Guachetá y Ventaquemada, su mayor altura está a 3.650 msnm. 

 

Páramo El Rabanal, Ráquira, Boyacá

Humberto de Antonio Arévalo es un inquieto promotor ambiental y un excelso conocedor del área de reserva en la vereda La Laja del municipio de Buenavista, Boyacá.

 

Él tiene dos sueños para este lugar, el primero es la conservación de este entorno de regulación, conocido como fábrica natural de agua en la que el bosque nativo de Roble Negro juega un papel importante. 

 

Y el segundo está centrado en salvaguardar unos vestigios arqueológicos custodiados por el imponente robledal, que merecen toda la atención de las entidades pertinentes.

Bosque Natívo de Roble Negro, Buenavista, Boyacá

Elizabeth Bejarano y su esposo René Lugo viven en la vereda El Cural Alto del municipio de La Vega, por allí pasa la quebrada de Moyas, que surte de agua a muchas fincas.

 

El sueño de ellos es concientizar a la comunidad. Para ello, organizan campañas de reforestación, brigadas de aseo y brindan amor a la quebrada.

 

Manifiestan que ’lamentablemente la gente que se beneficia de este recurso no le da la  importancia que se merece y no hacen nada por restituir este vital elemento, arrojan basuras, lo que afecta la calidad y disponibilidad del agua’ y efectuan una indiscriminada canalización con mangueras.

Cascada de Moyas, La Vega, Cundinamarca

Rubiela Beltrán vive en el barrio Policarpa a orillas del río San Francisco en Guaduas, Cundinamarca. Allí, hasta hace algunos años, utilizaron este terreno como un gran basurero, pero gracias a la iniciativa de la comunidad y con la ayuda de la CAR y otras entidades, recuperaron e intervinieron el lugar, limpiándolo de basuras y escombros.

La primera brigada de aseo la hicieron junto a los habitantes de los barrios Virreyes y Villa Esperanza, limpiando el espejo de agua y la ronda.

Desde entonces, ’Sendero Ecológico Policarpa’, como es llamado el proyecto ambiental liderado por Rubiela, ya es ejemplo para los demás barrios que circundan el río.

Ocobo, Nacedero, Madre de agua, Leucaena, Cedrillo, son las especies que se han sembrado y van creciendo a orillas del río San Francisco. Hoy es un lugar de esparcimiento para la comunidad.

Por allí camina Rubiela optimista y soñando con más recursos para instalar un puente que unirá dos terrenos que ampliarán el sendero. Mientras tanto, ella continúa cuidando este lugar y orgullosa afirma que es un trabajo arduo de compromiso ambiental.

 

Sendero ecológico Policarpa, Guaduas, Cundinamarca

Por estos caminos pasó la historia de nuestro país, por aquí los antepasados avanzaron trayendo consigo alimentos, utensilios y mercancías que venían del mar. Aún se observan vestigios de las moradas a la vera del camino.

 

El trabajo que desarrolla el grupo de Vigías del Patrimonio de la Villa de Guaduas liderado por Mariela Bohórquez, se fundamenta en la recuperación, conservación y clasificación  de árboles nativos que con el paso del tiempo y por la entrada de otras vías de desarrollo, han ido desapareciendo.

 

Este dispendioso trabajo de clasificación de las especies se ha convertido en, como dice ella ’una tarea gigante’ pues no han contado con los recursos suficientes para su ejecución.

El grupo sueña con recuperar totalmente el sendero, finalizar la señalización de todas las especies y entregarlo a las futuras generaciones para su disfrute y conservación.

Caminos Reales, Guaduas, Cundinamarca

Irónicamente ya no existen los micos que hasta hace 12 años rondaban este bello lugar.

 

Aldemar Salguero Buitrago, joven ecologista del municipio de Villeta, viene trabajando durante varios años en diferentes proyectos ambientales, tiene como sueño y meta, recuperar las aguas de la quebrada Cune, cuya cuenca abastece de agua potable al municipio y en su parte baja se destacan monumentales cascadas que a través de los años ’por la mano indiscriminada del hombre, han ido perdiendo su brillo y pureza, ya que arrojan desechos que contaminan el agua’.

 

Quebrada Los Micos, Villeta, Cundinamarca

Él es Antonio Suárez Castillo, habitante de la finca La Esperanza, en la vereda Miraflores, del municipio de Buenavista, Boyacá.

 

‘Esperanza’ como el nombre de su finca, es lo que sueña Antonio para este lugar bendecido por el agua, que en su parte alta aloja el acueducto que abastece a más de 40 familias del sector y da nacimiento a la quebrada Las Moyas.

 

Desde hace varias décadas, junto con sus vecinos, comenzó una tarea de conservación de la cuenca con la siembra de árboles nativos y el compromiso de cuidar este valioso lugar, hábitat de especies como la Chucha Lanuda (Caluromis Lanatus) que se encuentra en vía de extinción.

 

Finca La Esperanza, Buenavista, Boyacá

Carlos Quintero vive y trabaja en Puerto Salgar. Detrás de este imponente muro natural sobre el río Magdalena, se encuentra la laguna del Coco, paraíso con un ecosistema único para la región.

 

Sueña con que algún día la comunidad ’pueda volver a disfrutar de este bellísimo lugar’, donde cada uno forme parte de una cadena ecológica que beneficie no sólo a los habitantes de su municipio, sino a toda la región.

 

Esta laguna, ahora de propiedad privada, alguna vez fué lugar de esparcimiento de los habitantes del Bajo Magdalena. Allí habita una gran variedad de especies de fauna y flora que son propias de la región.

Laguna del Coco, Puerto Salgar, Cundinamarca

Miguel Hernández, Angemiro Peña y Francisco Cruz son habitantes y vigías del bosque de niebla y páramo Los Currucuyes.

Lideran desde 1981 un acueducto del cual se benefician 400 familias de las veredas Molino, La Mesa y Casablanca del municipio de Chiquinquirá.

 

Esta comunidad es pionera en la adquisición de predios para salvaguardar este recurso hídrico, ya han comprado 60 hectáreas y la CAR gestionó la compra de 56 más, dándole fortaleza a la reserva. Su meta es adquirir 200 hectáreas más de predios, que fomenten el mejoramiento de las condiciones hídricas y así poder suministrar agua en el futuro, a más usuarios y de ser posible, al casco urbano de Chiquinquirá. 

 

Ellos sueñan con generar conciencia sobre la protección de estos nacimientos de agua y un retorno de la gente joven al campo, para dar continuidad a este valioso trabajo que con solidaridad y esfuerzo han conseguido hasta el momento.

Páramo Los Currucuyes, Chiquinquirá, Boyacá

Janeth Hernández es líder en el proyecto Pechigrís de la vereda El Hatillo del municipio de Guaduas. Un lugar bendecido por su riqueza hídrica y también por tener un inmenso número de aves que habitan en los predios que conforman este proyecto.

Para el éxito rotundo que ha tenido Pechigrís han influido tres factores, el primero ha sido el educativo, la formación pedagógica con los niños del sector ha generado que ellos se apropien del proyecto y hoy sean conocedores de las diferentes especies de fauna como armadillos, monos, borugas, guatines y reptiles.

El segundo factor es el cultural y allí los adultos también se han vinculado al proyecto, convirtiendo sus fincas en lugares amigables con la naturaleza y consiguiendo que sean certificadas con el sello Rainforest, por sus buenas prácticas agrícolas.

Y finalmente, el factor turístico, pues los visitantes que llegan tienen la posibilidad de conocer el lugar y su fauna, identificando las aves que viven allí y enamorándose de la naturaleza al tener la posibilidad de experimentar este ecosistema de manera directa.

El sueño de Janeth y las demás personas que trabajan a diario en este proyecto, es que sirva de ejemplo para la comunidad y genere una verdadera conciencia ambiental.

 

Proyecto Pechigris, Vereda el Hatillo, Guaduas, Cundinamarca